Capítulo de Muestra

¿Cómo se trabaja con el Árbol de la vida de la Cábala?

Del libro «Fuerza del Alma» de Izan Muñoz

Imagina que dentro de ti existe un mapa sagrado, el Árbol de la Vida. No es un árbol físico, sino un sistema de diez esferas, diez dimensiones de conciencia que representan cómo la energía divina se manifiesta en nosotros y en el universo. Pero aquí está el misterio: esas diez partes están fragmentadas, funcionan por separado, y nuestro trabajo en este juego de la vida es unirlas, hacer que vuelvan a bailar en armonía.

En este Árbol existen dos tipos de energía, las femeninas restrictivas, que se encargan de contener, dar forma, poner límites y estructurar, y las masculinas expansivas, que son las que proyectan, crean, dan dirección y movimiento. La vida entera se construye entre estos dos polos, la expansión sin contención se dispersa, la contención sin expansión se bloquea, y solo cuando ambas energías se equilibran aparece la divinidad, el punto medio, el estado donde Dios se revela en nosotros.

Por eso el juego consiste en unir lo masculino y lo femenino dentro primero, unir tu acción con tu escucha, tu fuerza con tu sensibilidad, tu impulso con tu sabiduría, y después fuera, en tus relaciones, en tu trabajo, en tu forma de crear. Nada en el universo está separado, el hombre y la mujer, el día y la noche, dar y recibir, todo forma parte del mismo código. Cuando logramos ese equilibrio interno, el Árbol de la Vida se ilumina, cada esfera se activa y la energía divina fluye sin interrupciones. Ese es el verdadero matrimonio sagrado, la unión de tus dos mitades para que el Creador pueda habitar plenamente en ti. Cuando eso ocurre, el juego de la vida deja de ser lucha y se convierte en creación.

FEMENINAS RESTRICTIVAS MASCULINAS EXPANSIVAS
Diagrama 1: Las Columnas de Energía del Árbol de la Vida

Cuando logramos equilibrar las fuerzas masculinas y femeninas dentro de nosotros entramos en el verdadero centro, ese punto donde todo se unifica y donde la luz del Creador puede descender sin obstáculos. El centro no es un lugar físico, es un estado de conciencia. Es cuando ya no nos movemos por impulso ni por miedo, cuando no dominan ni la expansión descontrolada ni la contracción excesiva, sino que ambas energías trabajan juntas. En ese punto de equilibrio el alma se alinea con su propósito y toda la energía divina comienza a fluir sin interrupciones.

Podríamos decir que toda la enseñanza de la Torá apunta a eso, a que el ser humano logre encontrar su centro. Y lo mismo hace el mensaje de Cristo, porque ambos caminos buscan que el hombre recuerde quién es y restablezca la conexión con su divinidad interior. Cuando estamos en el centro el Árbol de la Vida se ilumina por completo, las diez dimensiones se unifican y entonces el cielo y la tierra se tocan. Es el momento en que colocamos la corona, Kéter, sobre Maljut, el reino, es decir, cuando la conciencia divina se manifiesta en el mundo material.

«Ese es el propósito oculto del juego, lograr que la corona del espíritu reine en la materia, que lo más alto se encuentre con lo más bajo, que el alma gobierne al cuerpo y no al revés.»

Cuando alcanzamos ese punto vivimos en plenitud, porque toda la luz del Creador se derrama sobre nosotros y podemos manifestar nuestro máximo potencial en la tierra. Ese es el verdadero estado de unión, la victoria del espíritu sobre la forma, el reino de dios se revela dentro del hombre.

KÉTER CONCIENCIA TIFERET YESOD MALJUT
Diagrama 2: La Columna Central del Equilibrio

El Árbol de la Vida se divide en cuatro mundos o dimensiones que representan los diferentes planos de existencia en los que vivimos. En la parte superior está el mundo espiritual, llamado Atzilut, donde se encuentran Kéter y Jojmá. Es el plano más elevado, donde habita la conciencia divina, la fuente de toda creación. Justo debajo está el mundo mental, Briá, representado por Biná. Aquí es donde las ideas toman forma, donde la energía espiritual se empieza a organizar en pensamiento.

Después viene el mundo emocional, Yetzirá, que abarca las esferas de Jésed, Guevurá, Tiferet, Netzaj, Hod y Yesod. Este es el plano donde sentimos, donde se manifiestan los movimientos del alma en forma de emociones y deseos. Y finalmente está el mundo físico, Asiá, representado por Maljut, que es el resultado final, la manifestación de todo lo anterior.

La enseñanza es clara: los mundos superiores gobiernan sobre los inferiores. Si nuestra vida espiritual y mental están desordenadas, nuestras emociones y nuestra realidad física también lo estarán. Por eso el trabajo más importante es en el mundo espiritual y mental, porque cuando dominamos estos planos, todo lo demás se ordena.

El equilibrio espiritual-mental nos permite canalizar la energía divina correctamente, para que nuestras emociones vibren en armonía y nuestra vida física se llene de paz, plenitud y abundancia. Así el Cielo se manifiesta en la Tierra y el alma puede experimentar el verdadero shalom.

MENTAL EMOCIONAL ESPIRITUAL FÍSICO KÉTER JOJMÁ BINÁ GEVURÁ JÉSED TIFERET HOD NETZAJ YESOD MALJUT
Diagrama 3: Las Cuatro Dimensiones o Mundos del Ser

Lo que percibimos con nuestros sentidos pertenece únicamente a Maljut, el mundo físico, la última esfera del Árbol de la Vida. Nuestros ojos, nuestro olfato, nuestro tacto y nuestro oído solo pueden captar esta realidad material, pero detrás de ella existen muchas energías invisibles que operan en niveles más profundos de nuestra conciencia. Todo lo que sucede en Maljut tiene su raíz en las dimensiones superiores, en los planos mentales, emocionales y espirituales.

INCONSCIENTE CONSCIENTE MALJUT
Diagrama 4: El Plano Consciente e Inconsciente

Si vivimos solo desde lo que percibimos con los sentidos, vivimos desconectados del alma, creyendo que todo lo que existe es lo que podemos tocar o ver. Por eso el Árbol de la Vida es tan importante, porque nos da el mapa para entender las causas invisibles de todo lo que ocurre en el mundo visible.

Maljut por sí solo está vacío, necesita de las otras nueve energías para tener sentido. Cuando una persona vive solo en Maljut, su vida se siente sin propósito, sin conexión, porque está viendo solo la punta del iceberg. Pero cuando empiezas a conocer este mapa sagrado, entiendes que lo físico es solo el reflejo de lo espiritual, y que tu tarea es elevarte, conectar con las dimensiones superiores, y hacer que la energía divina descienda hasta tu mundo material.

Ahora que conoces el Árbol de la Vida, ya tienes el mapa del alma en tus manos. Eres un privilegiado, porque puedes ver lo que la mayoría no ve. A partir de aquí, el juego cambia, ahora toca trabajar dimensión por dimensión, equilibrar cada parte y reconectar con tu esencia divina para que tu vida emiece a tener verdadero sentido.

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